Nadal no puede con Tiafoe y cae en octavos de Nueva York

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Rafael Nadal había advertido hace dos días que necesitaría subir de nivel para seguir vivo en el US Open. Lo intentó en su partido de octavos ante Francis Tiafoe, pero no lo logró: se despidió de Nueva York en una batalla igualada y en la que, pese a su falta de ritmo de competición, tuvo opciones (6-4, 4-6, 6-4, 6-3).

Nadal dijo también que el estadounidense sería un rival duro, con mucha intensidad y energía. Y Tiafoe cumplió el guion: despliegue físico, electricidad en sus golpes y, también, quizá menos esperado, solidez.

El español logró aguantar el ritmo mientras Tiafoe no tenía el brazo del todo caliente. Hasta el séptimo juego, ninguno de los dos amenazó el saque del otro, en un set laborioso, protagonizado hasta entonces más por los errores que por los golpes decisivos.

Pero con 3-4, el estadounidense logró el primer punto de ‘break’ y lo aprovechó a la primera, gracias a un fallo de la derecha de Nadal, acosada por la potencia de Tiafoe. Eran cada vez más habituales esos errores y también los ‘winners’ del estadounidense. Varios de ellos con un revés afinado, que inutilizaba los ataques de derecha de Nadal.

El arranque se le complicaba a Nadal por momentos. Al más laureado en los ‘grandes’ del tenis mundial se le veía incómodo. Pedía que le ajustaran el ventilador sobre su silla. Que secaran la pista, quizá con el sudor de lo que le costaba enfrentar a Tiafoe. Y celebraba los errores de su rival, apretando el puño, para encontrar ánimo en el tenis del contrario, ya que no daba con él en el propio.

El saque de Tiafoe, además, empezaba a carburar. En el juego que cerró el set, mandó uno a 215 kilómetros por hora —su quinto ‘ace’ de la manga— y otro imposible de devolver para Nadal. Un solo punto de break había servido a Tiafoe para embolsarse el set, en el que demostró una velocidad más en intensidad y confianza que Nadal. Levantó la mano a la parroquia, en medio de la ovación, y señaló con el índice hacia abajo. «Aquí estoy yo», quería decir.

La central vivió una historia similar en el segundo set. Lo único que cambió fue el final. La igualdad incluso se prolongó un poco más, hasta el 4-4, sin oportunidades de ruptura de saque. Eran como dos púgiles que guardan la distancia, que solo marcan al contrario.

Nadal aprovechó un despiste de Tiafoe para mandarle un directo al mentón. El estadounidense no golpeó una pelota que le llegaba al revés y que creía fuera. Pero había acariciado la línea. Nadal, que tiene el trasero pelado de situaciones como esta, aprovechó el regalo y se colocó 15-40. Eran los dos primeros puntos de ‘break’ del set. Tiafoe, quizá acordándose de su equivocación, le regaló la manga con una doble falta.

De nuevo, la igualdad se prolongó hasta el 3-3 del tercer set, Nadal y Tiafoe incapaces de amenazar el saque contrario. Lo logró por fin el estadounidense en el siguiente juego, que inclinó el set, sin que Nadal pudiera reaccionar. Para entonces, el español daba señales de cansancio. En la cara y en e juego. Algunas bolas que está acostumbrado a pelear las daba por perdidas. Era su cuarto partido en una semana, después de haberse pasado el verano sin competir tras la lesión abdominal de Wimbledon.

A Tiafoe no solo no le tembló la mano, sino que la endureció. Llegó a colocar saques de 220 kilómetros por hora y se llevó el set.

El episodio definitivo fue diferente. Nadal orquestó una pequeña reacción nada más comenzar el set, con un primer juego lleno de emoción. Levantó un punto de ruptura de Tiafoe y lanzó los brazos al aire, para electrizar a público y, quizás, absorber su energía. Estuvo cerca de conseguir. Rompió el servicio al estadounidense y sacó para ponerse 1-4. Hubiera sido, quizá otro partido. Pero Nada no las aprovechó. Tampoco al siguiente juego, con 15-40, y posibilidad de colocarse 2-4 y con servicio. Con el depósito medio vacío, con tres horas largas de partido en las piernas, el partido se le puso cuesta arriba: encajó cuatro juegos seguidos de Tiafoe, que demostró fortaleza física y mental.

«Realmente no sé lo que acaba de pasar», dijo Tiafoe desde la pista, que no creía su victoria. Tendrá una oportunidad de llegar a la semifinal de un ‘grande’, donde nunca ha estado, si vence este miércoles al ruso Andrey Rublev.

«No hay excusas», dijo Nadal después en rueda de prensa. «Hay veces que uno puede con todo y otras no. A lo mejor faltaba un poquito más de frescura, de rodaje y de tranquilidad», aseguró después de un verano complicado, sin poder competir y con la complicación personal del ingreso a finales del mes pasado de su mujer, María Francisca Perelló, que está embarazada de su primer hijo.

La despedida de Nadal no impide que todavía tenga opciones de colocarse como número uno del mundo tras el torneo. Tras la derrota del número, Daniil Medvedev, en la misma ronda, lo conseguirá si ni Casper Ruud ni Alcaraz, que jugaba poco después de él, llegan a la final.

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